Juan Ramón Jiménez nació el 23 de diciembre de 1881. Aunque por edad pertenece a la segunda generación, tiene una estrecha relación con las dos que lo rodeas. Se sumó al modernismo, siendo maestro de muchos de los autores vanguardistas.
Busca conocer la verdad y de esta manera alcanzar la eternidad. La exactitud para él, es la belleza. La poesía es una fuente de conocimiento, para captar las cosas.
Juan Ramón tiene una poesía panteística, exacta y precisa. Su poesía evoluciona de forma que se distinguen dos épocas. La primera acaba en 1916.
Los temas son el amor, la realidad de las cosas... Tuvo siempre presente su cuidad natal como inspiración y referente, tal como quedó reflejado en toda su obra.
Antonio Machado nació el 26 de julio de 1875 en Sevilla. Fue miembro tardío de la Generación del 98 y uno de sus miembros más representativos. Su obra inicial suele inscribirse en el movimiento literario denominado Modernismo.
Su obra poética se inicia con Soledades (1903), que fue escrita entre 1899 y 1902. En el breve volumen notamos ya muchos rasgos personales que caracterizarán su lírica posterior.
La poesía de Machado se aleja de la concepción modernista de que ésta es meramente forma y la suma de las artes. No importa tanto la forma, la musicalidad, la buena rima, si no se cuenta nada íntimo y personal. El verbo es lo más importante, porque expresa el tiempo, la temporalidad que él considera esencial.
Rubén Félix García Sarmiento, conocido como Rubén Darío, nació el 18 de enero de 1867. Fue un poeta nicaragüense, máximo representante del Modernismo literario en lengua española. Es posiblemente el poeta que ha tenido un mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispánico.
Darío hizo suyo el lema de su admirado Paul Verlaine: "De la musique avant toute chose". Para él, como para todos los modernistas, la poesía era, ante todo, música. De ahí que concediese una enorme importancia al ritmo. Su obra supuso una auténtica revolución en la métrica castellana. Junto a los metros tradicionales basados en el octosílabo y el endecasílabo, Darío empleó el eneasílabo, el dodecasílabo y el alejandrino, enriqueciendo la poesía en lengua castellana con nuevas posibilidades rítmicas.
Una de las figuras retóricas clave en su obra es la sinestesia, mediante la cual se logra asociar sensaciones propias de distintos sentidos: especialmente la vista (la pintura) y el oído (la música).
El símbolo más característico es el cisne, y la presencia de éste es obsesiva en su obra.
El erotismo es uno de los temas centrales de la poesía de Rubén Darío. Para Pedro Salinas, se trata del tema esencial de su obra poética, al que todos los demás están subordinados.